El embarazo provoca una remodelación profunda y significativa en el cerebro de la madre y tambien en el padre
- Carmen Cabrer, IBCLC, IYCFS, CLAAS, Educador Prenatal, Doula

- Feb 16
- 6 min read

El embarazo provoca una remodelación profunda y significativa en el cerebro de la madre, con cambios estructurales que se centran especialmente en regiones asociadas al vínculo afectivo (bonding), la empatía, la cognición social y la capacidad para interpretar las señales del bebé (como la “theory of mind” o teoría de la mente).
No solo es real, sino que es una de las plasticidades cerebrales más dramáticas en la adultez humana, orientada evolutivamente a promover comportamientos maternos protectores y sociales. ¡La naturaleza “reescribe” el cerebro para optimizar el cuidado del bebé!
Estudios clave y hallazgos principales
Un estudio pionero de 2017 (Hoekzema et al., publicado en Nature Neuroscience) analizó por primera vez de forma longitudinal (antes y después del embarazo) a madres primerizas. Encontraron reducciones notables en el volumen de materia gris en áreas relacionadas con la cognición social. Estos cambios fueron tan consistentes que un algoritmo podía predecir con alta precisión si una mujer había estado embarazada solo mirando las imágenes de MRI. Además, cuanto mayores eran estos cambios, mejor era el vínculo madre-bebé reportado (medido por escalas de apego).
Estudios más recientes confirman y amplían esto:
En 2024-2025, investigaciones (incluyendo un caso único con 26 escaneos MRI desde antes de la concepción hasta 2 años postparto) muestran reducciones generalizadas en el volumen y grosor de la materia gris (hasta ~4.9% en promedio, afectando al 94% del cerebro en algunos análisis), especialmente en redes como la default mode network (implicada en la reflexión sobre uno mismo y los demás, empatía y cognición social).
Estos cambios se asocian a fluctuaciones hormonales (estrógenos como estriol y estrona sulfato, progesterona), que “afinan” el cerebro para la maternidad.
No son una “pérdida” negativa: se interpretan como un proceso adaptativo de especialización o “fine-tuning” neuronal. Ayudan a la madre a ser más sensible a las necesidades del bebé, mejorar el reconocimiento emocional y fortalecer el apego. Por ejemplo, mayor recuperación de volumen postparto se relaciona con un vínculo más fuerte a los 6 meses.
Muchos cambios persisten al menos 2 años (e incluso hasta 6 años en algunos seguimientos), aunque hay una recuperación parcial en el posparto. Esto forma parte de lo que se llama “matrescencia” o transformación cerebral de la maternidad.
Los padres también experimentan cambios cerebrales significativos durante la transición a la paternidad, aunque estos suelen ser menos intensos y más dependientes de la experiencia interactiva con el bebé que en las madres (donde las hormonas del embarazo juegan un rol central)
Los estudios con resonancia magnética (MRI) y fMRI muestran que la paternidad induce plasticidad neuronal adaptativa, similar en algunos aspectos a la “matrescencia” materna, pero con diferencias en magnitud, timing y mecanismos.
Principales hallazgos en padres
Reducción de volumen de materia gris cortical: Estudios longitudinales (escaneos antes y después del nacimiento) en padres primerizos muestran una disminución promedio de ~1-2% en el volumen de materia gris en la corteza cerebral (especialmente en regiones como la red de modo por defecto, precúneo, corteza prefrontal y áreas visuales/empáticas). Esto se observa de forma consistente en muestras de España y EE.UU. (por ejemplo, estudio de 2022-2023 de Darby Saxbe y colaboradores, con 40 padres primerizos escaneados durante el embarazo de la pareja y a los 6 meses posparto). Estos cambios no aparecen en hombres sin hijos en el mismo período.
Al igual que en madres, no es una “pérdida” negativa: se interpreta como refinamiento o “pruning” neuronal para mayor eficiencia en tareas parentales (mejor atención, empatía, procesamiento visual de señales del bebé y cognición social).
Cuanto mayor es la reducción, más fuerte el vínculo prenatal reportado, mayor intención de involucrarse (ej. tomar más licencia de paternidad) y mayor tiempo dedicado al cuidado directo del bebé.
Cambios funcionales (activación cerebral):
Mayor activación en redes relacionadas con empatía, mentalización (theory of mind), regulación emocional y recompensa al ver o escuchar al bebé (áreas como ínsula anterior, giro frontal inferior, precúneo, corteza orbitofrontal y amígdala).
Algunos estudios detectan cambios incipientes ya durante el embarazo de la pareja (fMRI funcional en respuesta a videos de interacción infantil), aunque los cambios estructurales suelen consolidarse más en el posparto (por la experiencia directa de cuidado).
En padres muy involucrados (o en parejas del mismo sexo donde ambos cuidan), los patrones de activación se acercan más a los de las madres.
Diferencias con las madres:
Los cambios en padres son de menor magnitud (aprox. la mitad que en madres en algunos estudios comparativos).
No hay evidencia fuerte de cambios hormonales masivos como en el embarazo femenino (aunque sí bajan testosterona, suben oxitocina y prolactina con el cuidado activo).
Algunos estudios grandes (ej. UK BioBank) no encuentran cambios estructurales significativos en padres vs. no-padres, pero los longitudinales (más precisos) sí los confirman, sugiriendo que dependen del nivel de involucramiento.
Otros efectos:
Aumentos en volumen hipocampal en padres con altos niveles de oxitocina.
Cambios en materia blanca (reducción de anisotropía fraccional en cingulum y cuerpo calloso, relacionados con regulación emocional y cognición).
Estos cambios se asocian a mayor motivación parental, pero también a riesgos como más síntomas de salud mental o problemas de sueño (posible “costo” del caregiving intenso).
En resumen, la paternidad “reescribe” el cerebro masculino para optimizar el cuidado, pero de forma más experiencial (por interacción con el bebé) que hormonal. Es una plasticidad evolutiva que promueve apego, sensibilidad y protección, aunque menos dramática que en madres.
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